Dicen que todos recordamos el momento en que descubrimos nuestra verdadera pasión. En mi caso, ocurrió cuando apenas tenía diez años y levanté la vista hacia el cielo nocturno. Desde entonces, la astronomía ha formado parte de mi vida.
Como muchos de nosotros, tuve la suerte de descubrir la serie Cosmos, presentada por el inolvidable Carl Sagan. Su manera de explicar el universo despertó en mí una curiosidad que, décadas después, sigue tan viva como entonces.
También tuve la fortuna de contar con unos padres que siempre apoyaron mis inquietudes y con un hermano mayor que compartió aquella ilusión. Aún hoy no sé si mi primer telescopio, un modesto acimutal de 60 mm, fue un regalo de mis padres o de mi hermano. Lo que sí recuerdo es la emoción de aquellas primeras noches intentando descubrir los luceros que aparecían sobre la terraza de casa. Probablemente muchas veces no sabía si estaba viendo un planeta o simplemente luchando con el enfoque, pero aquello ya había despertado algo que nunca desaparecería.
Y así comenzó un viaje que continúa hoy, después de muchos telescopios, cámaras, largas noches de observación y miles de kilómetros recorridos bajo algunos de los cielos más oscuros.
"La astrofotografía no consiste solo en obtener una imagen bonita; consiste en capturar, con paciencia y dedicación, la tenue luz de objetos que llevan miles o incluso millones de años viajando por el universo hasta llegar al sensor de una cámara. Cada fotografía es, en cierto modo, un viaje en el tiempo."